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Qué son los huérfanos digitales y cómo el uso de la tecnología impacta en las relaciones familiares

Los niños que pasan más tiempo frente a pantallas presentan menos habilidades comunicativas y emocionales, lo que aumenta sus dificultades en la interacción social. Cómo afecta este hábito en el lenguaje y qué se puede hacer para asegurar un desarrollo integral y equilibrado Por Lic. Sonia Almada

Los dispositivos móviles y las pantallas digitales han pasado a formar parte integral de la vida cotidiana de los niños y las niñas. Durante la pandemia por coronavirus este vínculo se ha profundizado. Muchos niños debieron participar del primer espacio educativo de manera virtual y otros que ya habían ingresado, tuvieron que adaptarse a esta nueva forma de aprender y vincularse con el otro. Esta realidad plantea desafíos inéditos para su desarrollo emocional, cognitivo y social.

Hace tiempo el lenguaje de los gestos y las palabras está siendo moldeado por las interacciones mediadas por las pantallas. Desde edades tempranas, los niños y niñas están expuestos a una cantidad abrumadora de estímulos visuales y auditivos que influyen en la formación de su identidad y subjetividad.

 
Hace años en una sala de espera vi a un bebé mirando a su mamá, buscando sus ojos, pero los ojos de la mamá estaban clavados en la pantalla. Desde allí comencé a preguntarme cuál podría ser el impacto subjetivo del retaceamiento de la mirada, espejo donde se construyen identidad.

Según un estudio publicado en la revista Pediatrics en marzo de este año, se sugiere que el tiempo frente a la pantalla puede impedir que los niños experimenten un entorno hogareño estimulante para el desarrollo del lenguaje durante los primeros años.

 
Este fenómeno, denominado “tecnoferencia”, describe cómo la exposición de los niños pequeños frente a la pantalla interfiere con las oportunidades de hablar e interactuar en su entorno familiar. Los investigadores siguieron a más de 220 familias australianas durante dos años para analizar el comportamiento y la comunicación de los niños y niñas de 1 a 3 años con sus papás. En su ropa llevaban montados dispositivos del habla.

Así se monitoreó la exposición de los niños a sonidos electrónicos y otras voces. Luego, el software procesó el audio a través de un análisis algorítmico de la señal de voz y proporcionó recuentos automáticos de: palabras de adultos, vocalizaciones de niños, conversaciones y exposición a la televisión o ruido electrónico.

Los resultados fueron, entre otros, que el aumento del tiempo frente a la pantalla se asoció con una disminución de las palabras de los adultos, menos vocalizaciones de los niños y menos conversaciones entre niños de 18 y 36 meses.

La recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) limita el uso de pantallas a una hora diaria para niños menores de tres años. Dentro de este límite, los científicos notaron que los niños dejaban de escuchar aproximadamente 400 palabras pronunciadas por adultos, dejaban de emitir alrededor de 294 palabras y perdían unas 68 instancias de conversación diariamente.

Estos estudios subrayan cómo el entorno digital puede afectar negativamente el desarrollo lingüístico y las interacciones sociales tempranas en los niños pequeños. Los niños que pasan más tiempo frente a las pantallas tienden a desarrollar menos habilidades sociales y emocionales, lo que puede llevar a dificultades en la formación de vínculos.

Se ha demostrado que puede interferir en el desarrollo de la empatía y la conexión con el otro. La empatía es la capacidad para ponernos en el lugar del otro, para comprender lo que le pasa y siente, y para aceptarlo aunque no nos pase lo mismo o no coincidamos con su punto de vista. Las personas poco empáticas tienen dificultades para conectar con los sentimientos del otro y suelen centrarse en los sentimientos y deseos propios. Esto los lleva a tener dificultades en las relaciones sociales porque los demás pueden percibirlos como egoístas y egocéntricos.

El vínculo emocional entre padres e hijos se ve afectado cuando las interacciones cara a cara son reemplazadas por el uso excesivo de dispositivos electrónicos.

Huérfanos digitales es el concepto que se les ha dado a los niños, niñas y adolescentes que son hijos de padres adictos a la tecnología, porque prestan mayor atención a los dispositivos móviles o computadoras, que a su hijo o su hija, de las maneras antes conocidas. Esto no es una crítica, es la exposición de una preocupación, porque estamos hablando de adicciones o por lo menos de consumos problemáticos. Cabría preguntarse si son solo los hijos los huérfanos de padres o los padres se están perdiendo, sin darse cuenta, horas de existencia de sus hijos que también podría ubicarlos en una situación de pérdida.

La interacción cara a cara es crucial para el desarrollo de la subjetividad y el desarrollo de habilidades. El uso constante de dispositivos electrónicos puede limitar estas oportunidades, llevando a un aislamiento social y una menor capacidad para interactuar con sus pares de manera efectiva.

La subjetividad es inseparable de la cultura. La noción de desarrollo subjetivo cuestiona algunas verdades coaguladas con relación a etapas rígidas y estandarizadas, por ejemplo, tal o cual estadio. La experiencia humana desde antes de nacer demuestra que es imposible encasillarla, y que cada desarrollo tiene un carácter individual. Por ello es importante pensar las nuevas formas de ser y estar en el mundo vinculadas a los valores epocales y sus instrumentos.

No es posible volver atrás con la inmersión de las pantallas en nuestras vidas, a no ser que se dé una revolución en este sentido. Por lo tanto, pensar el desarrollo de la subjetividad incorporando los signos de nuestros tiempos es un trabajo ineludible para todos.

Un estudio realizado por el National Institutes of Health (NIH) encontró que los niños que pasan más de dos horas al día frente a pantallas tienen puntajes más bajos en pruebas de lenguaje y pensamiento. La exposición prolongada a las pantallas puede afectar la capacidad de atención y la memoria de trabajo, esenciales para el aprendizaje y la resolución de problemas. Con estos datos es importante mensurar los tiempos de exposición como ética de cuidado hacia la infancia y preguntarnos cuáles serán las consecuencias para poder trabajar en la prevención y la atención a las consecuencias de la desmesura.

Es esencial que las familias, educadores y profesionales seamos conscientes de estos riesgos y fomentemos un equilibrio entre el tiempo de pantalla y las interacciones cara a cara para asegurar un desarrollo integral y equilibrado para los niños y niñas.

* Sonia Almada: es Lic. en Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Magíster Internacional en Derechos Humanos para la mujer y el niño, violencia de género e intrafamiliar (UNESCO). Se especializó en infancias y juventudes en Latinoamérica (CLACSO). Fundó en 2003 la asociación civil Aralma que impulsa acciones para la erradicación de todo tipo de violencias hacia infancias y juventudes y familias. Es autora de tres libros: La niña deshilachada, Me gusta como soy y La niña del campanario.

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