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Alejandra Kamiya, la escritora de las emociones

Se publicó la trilogía de la autora argentina, quien ahora llega al teatro de la mano de dos obras que recrean sus ficciones. De qué la inspira para escribir, cómo logra condensar la intensidad en sus cuentos y qué autores le resultan imprescindibles, charló con Las12. Por Laura Haimovichi

Antes de saber leer, Alejandra Kamiya escuchaba relatos infantiles a través de la voz de sus padres, que le leían en voz alta. “Lo primero que recuerdo son un libro en japonés de cuentos tradicionales y otro de cuentos rusos, editado e impreso en Rusia por la editorial Progreso. Nunca dejé de leer y las lecturas más impactantes o cuyo impacto siento ahora más claramente son las recientes. Estoy ahora con un libro de Peter Orner y con un ensayo de Vivian Gornick, que es como estar con amigos”, dice a Las12.

La autora de La paciencia del agua sobre cada piedra, El sol mueve la sombra de las cosas quietas y Los árboles caídos también son el bosque está presentando la trilogía completa de sus propios relatos en Eterna Cadencia. Por otra parte, las coreógrafas Teresa Duggan y Miriam Gurbanov presentan dos espectáculos basados en sus cuentos. Duggan lleva al teatro Regio Los gestos de la sal y Gurbanov reestrenará en junio Desayuno perfecto, concebida para una actriz y una bailarina.


 
 
Cuenta que su maestro, Abelardo Castillo, “proponía un sistema de lectura que consistía en leer a los autores que les gustaban a los autores que a uno le gustan. Lamentablemente nunca logré seguir este sistema y soy muy desordenada para leer. Ahora estoy, como te decía, con Gornick y Orner y acabo de comprarme uno de (Andre) Dubus porque ellos lo nombran y yo no lo conocía”.

Kamiya también evoca su paso por el taller de Inés Fernández Moreno. “Fue la puerta de entrada ideal a la escritura: era como es ella misma: muy amable, divertido, un poco picante” Y compara: “El de Abelardo era lo contrario al de Inés y por eso me resultó complementario. Ahí incorporé cierta idea de una necesidad de compromiso profundo con la literatura”.

Decías en una entrevista que con el cuento "Los ensayos" te sentiste escritora. ¿Por qué recién fue ahí que reconociste una identidad en la tarea que ejercés?

 
--Creo que no solo con relación a la escritura sino a cualquier cosa que uno sea, no se trata de una decisión única sino de una renovación de votos casi diaria. Claro que hay momentos en que esa renovación exige más de nosotros y otras veces menos. El punto es responder siempre que sí. Sí, soy escritora.

¿Cuál es tu modo de producción? ¿Tenés la idea completa del cuento antes de escribir? ¿Cómo surgen los cuentos?

--Los cuentos surgen siempre de una fricción entre un elemento externo y uno interno. De esa fricción resulta alguna pregunta o necesidad de seguir indagando qué es lo que me mueve. En general, esta fricción no me cuesta, diría que casi es mi estado natural. Vivo en un estado de fricción permanente entre lo que me rodea y aquello de lo que estoy hecha. Hoy se usa mucho la palabra "interpelar": el mundo me interpela.

Historias breves pero muy profundas
Dueña de un estilo propio, despojado y potente, sorprendente y sereno, Kamiya escribe Hay muchas cosas que no tienen nombre. Ciertos momentos del día, como aquel rojizo entre la tarde plena de luz y la noche, ciertos gestos, ciertos ritmos, algunas partes del cuerpo, algunos colores como verdes que no son ni agua ni musgo. También surgen en su narrativa fragmentos como La costumbre es como esos caminos que se hacen a fuerza de pasar una y otra vez pisando el pasto y los yuyos, abriéndolos a los costados de ese lugar donde de a poco aparece la tierra, y así, en donde antes uno podía dibujar un recorrido a su antojo, de repente, parece imposible tomar un rumbo que no sea el de las propias huellas.

 
Historias breves, con ciertos rasgos zen, fruto de una mirada libre y sosegada, que exploran la relación humana-animal, los sueños y la cotidianeidad, lo que se expresa y lo que se sugiere, los cuentos de Kamiya ya son parte insoslayable de la literatura contemporánea argentina.

¿Probaste escribir en otros géneros: poesía, novela, ensayo, dramaturgia?

--Me gusta mucho experimentar y no creo en los géneros como fronteras rígidas. Nada me gusta más que la idea de saltar por encima de esas fronteras o correrlas, borrarlas y volver a dibujarlas donde quiera. Hay momentos de poesía en mi narrativa, incursioné en la escritura de teatro, escribí un texto en torno a y acompañado a la obra de un artista plástico, me puse al servicio de creadores musicales y de la danza. En arte no hay fronteras.

 
Contanos sobre tu relación con la obra de Niimi Nankichi.

--Mi relación con la obra de Niimi Nankichi es de amor. Ojalá pudiera mostrarle al mundo su obra. El mundo sería mejor, sin duda. Hace mucho que mi padre y yo intentamos esta tarea, con la ayuda de un poeta, pero no es tarea fácil sobre todo por la responsabilidad de que debe estar bien hecha.

¿Por qué crees, siguiendo a la poeta estadounidense Elizabeth Bishop, que se debe perder? ¿Qué hay que perder?

--Me divierte mucho esta pregunta. No creo que exista nadie exento de este rasgo: todos perdemos constantemente y así nos construimos. Alguna vez leí que perdemos millones de células por día de nuestro cuerpo. Empezando por lo más concreto y palpable perdemos y perdemos. El resto de lo que nos constituye no podría nunca escapar a esta regla. Y celebro que así sea.

 
¿Qué te nutre para tu propia producción literaria?

--Abrir los ojos.

¿Cómo es un día en tu vida?

--Cada día de mi vida es una especie de pulseada con el caos. La cotidianeidad doméstica por momentos me tumba y otras veces yo logro dominarla y así vamos hasta que llega la noche y me voy a dormir casi siempre con la sensación de haber hecho todo lo que debía.

¿Podés describir el lugar en el que escribís? ¿Es en tu casa? ¿Cómo es? ¿En qué horario solés trabajar?

 
--No tengo ni horario ni lugar casi. Estoy en el intento lento de construcción de ambos. La ausencia de horario tiene que ver con la lucha contra el caos de la pregunta anterior y el proceso de construcción de un espacio específico para escribir está en curso. Tengo un escritorio comprado y aún desarmado en mi habitación, esperando ser usado y cubierto de papeles.

¿Qué autores te interesan?

--La lista es imposible. Puedo nombrar algunos esenciales, pero siempre van a faltar otros no menos importantes: Tolstoi, Akutagawa, Clarice Lispector, Borges, Pessoa, Cheever, Nankichi. Los escritores son quienes me acompañan en la vida. Es como si me preguntaran qué me gusta de mis amigos: que me acompañan, que con ellos me río y están conmigo cuando las cosas se ponen difíciles, me entienden y me ayudan a entender.

 
¿Estás preparando algo nuevo? ¿Podés adelantar algo?

--Siempre estoy pergeñando alguna cosa. Ahora varias, pero están todas en un estado de inmadurez impresentable. Estaba escribiendo una novela, pero me apareció otra hecha de fragmentos, y al mismo tiempo ocurrió esta llamada de la que te hablaba antes desde otras formas como la dramaturgia. Y el problema más grave que tengo es que todo me entusiasma.

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