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El desguace del Incaa paraliza la actividad cinematográfica

Despidos, reducción de gastos y desfinanciamiento La resolución firmada por el Carlos Luis Pirovano, presidente del organismo, "es virtualmente un cierre", según el cineasta Marcelo Piñeyro y el delegado de ATE Nicolás Vetromile. El sector ya prepara acciones de resistencia. Por Laura Gomez

La semana pasada, después de una reunión de los trabajadores con Carlos Luis Pirovano, presidente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa),  empezó a circular un comunicado oficial en el que ATE Incaa enumeraba una serie de puntos que expresaban las intenciones del gobierno de Javier Milei en relación al Instituto. El documento advertía sobre la negativa de las autoridades a reincorporar 170 trabajadores despedidos (en su mayoría monotributistas) y anticipaba la posibilidad de profundizar el plan de desguace con más despidos (algo que Pirovano atenuó con la categoría de “no renovación de contratos”), el cierre de las plataformas digitales de contenidos audiovisuales nacionales (Cine.Ar y Cine.Ar Play), la venta del cine Gaumont, la privatización de la Escuela Nacional de Experimentación y Realización Cinematográfica (Enerc) y el desfinanciamiento de estrenos, festivales, programas y prestigiosos eventos como el Festival de Mar del Plata o Ventana Sur.

 

 
El comunicado del gremio era la única información que circulaba en ese momento y muchos de los consultados por este diario optaban por la actitud cautelosa en un contexto de incertidumbre. Este lunes, sin embargo, se oficializó parte de aquella información: la resolución publicada en el Boletín Oficial y firmada por Pirovano comunica una serie de medidas que según las autoridades apuntan a “racionalizar los recursos” en el Instituto pero que, en los hechos, paralizan las políticas públicas destinadas a fomentar la actividad cinematográfica. Por un lado, se canceló cualquier apoyo económico para realizar estrenos o asistir a festivales, y se recortaron los fondos destinados a las provincias; por otro, se cancelaron pasajes al exterior, comidas, viáticos y celulares para funcionarios, no se renovaron contratos, se eliminó la posibilidad de nuevas contrataciones y se suspendió el pago de horas extras.

 
Marcelo Piñeyro dirigió películas argentinas emblemáticas como Plata quemada, Caballos salvajes, Tango feroz y Kamchatka, entre muchas otras. En diálogo con Página/12 desde España –acaba de recibir el Premio Retrospectiva en el 27° Festival de Málaga–, dice: “Por lo que tengo entendido, desde que subió este gobierno la actividad cinematográfica está paralizada y las últimas medidas no hacen más que confirmar una parálisis total. Esto es virtualmente un cierre. Para cerrarlo necesitan una ley que posiblemente crean que no pueden sacar, entonces le quitan sus funciones”. El director asegura que estas medidas no lo sorprenden porque forman parte de “un ataque frontal a la cultura en su conjunto, a la ciencia, a la educación pública, a la salud pública y a la libertad de información”. “Uno se pregunta qué modelo de país tienen en la cabeza; las respuestas que yo encuentro me dan pánico”, confiesa.

 
 

Cuando se le consulta por qué cree que la cultura se convirtió en uno de los blancos predilectos de la actual gestión, Piñeyro explica: “Por un lado, podemos ver que esto es una conducta de la nueva derecha en todo el mundo: ahora estoy en España y veo que el discurso es el mismo, Trump atacó a Hollywood, Bolsonaro hizo lo mismo en Brasil. Obviamente acá no juega la económico porque la cultura no tiene un costo para el Tesoro Nacional, entonces es un combate simbólico”. El director de El reino se pregunta cómo pueden concebir "una sociedad sin cultura, sin ciencia, sin educación, sin salud" y pone como ejemplo lo que sucedió en Télam en relación al manejo informativo: "Cierran la agencia de noticias para habilitar una agencia de trolls pagada por nosotros, con nuestros impuestos, que opera desde Casa Rosada. Las fake news son un mal de nuestro tiempo pero ahora están siendo asumidas y pagadas por el Estado".

 
La estrategia no sólo se reduce a los trolls en redes sociales; también adquiere legitimidad desde las altas esferas del gobierno. En la madrugada del martes, mientras la palabra "Incaa" se mantenía primera en el ranking de tendencias en la red social X, se viralizó un comunicado oficial que anunciaba: "La Secretaría de Cultura, en la órbita del Ministerio de Capital Humano, cumpliendo con el mandato de auditar y recortar, encomendado por el Presidente Javier Milei, ha iniciado un proceso de reordenamiento del Incaa". El texto alude a la "situación económica delicada" del organismo, al déficit de 4 millones de dólares ("una parte financiada por el Tesoro Nacional", argumento que muchos actores del audiovisual salieron a desmentir) y a la decisión de "reducir drásticamente los gastos del Instituto". 

Las autoridades explican que el objetivo es "reducir los 8 millones de dólares destinados a salarios del personal" y arguyen que por eso no se renovará ningún contrato. Pero lo que más llamó la atención, quizás, es el último párrafo del documento. "Nuestro compromiso con el déficit 0% es innegociable. Se terminaron los años en los que se financiaban festivales de cine con el hambre de miles de chicos". Puede sonar patético, pero el argumento que hasta hace poco circulaba entre tuiteros y militantes fervorosos de redes sociales ahora de pronto es esgrimido por la propia Secretaría de Cultura, a cargo de Leonardo Cifelli, como un modo de respaldar aquello que comenzó con la resolución firmada por Pirovano.

 
"Es natural que la cultura moleste porque apunta a la reflexión, a poder pensarnos como sociedad –destaca Piñeyro–. La cultura, la ciencia y la educación molestan; el modelo que proponen es el de una republiqueta bananera". El cineasta subraya que la decisión de poner al frente del Instituto a "un economista que no tiene ni la menor idea y tampoco experiencia en gestión cultural" es toda una declaración de principios. "A la gente de este gobierno y a quienes pertenecen a las líneas políticas que lo respaldan, les encanta hablar de los últimos 100 años en los que la Argentina fracasó. Supongamos que les damos la razón: quienes fracasaron fueron los economistas. En ese lapso, la cultura, la ciencia y la educación sólo dieron brillo a nuestro país. La salud y la educación públicas diferencian a la Argentina en la región, le dan un perfil único que todos envidian. Evidentemente lo que quieren destruir es lo que brilla y defienden lo que ya fracasó, es decir, su manejo de la economía". A Piñeyro le asombra esa persistencia en el error porque, desde su perspectiva, "todo lo que hoy se está haciendo ya se hizo y fracasó porque dejó más pobre a la sociedad argentina".

 
En relación a la Enerc, Piñeyro sostiene que "es un orgullo porque estudiantes de todo el mundo quieren entrar a estudiar ahí" y destaca el valor de las delegaciones provinciales que permiten que amantes del cine de todo el país puedan formarse sin tener que viajar a Buenos Aires. "Si dejamos de hablar de cultura y hablamos en términos económicos, el cine es la industria del futuro: trae dividendos al país y no le cuesta nada. Además, la mayor parte de películas argentinas se financia con dinero que viene del exterior. Si se dejan de hacer, ese dinero no entra más", explica el director, y aclara que ese dinero no va al bolsillo del realizador sino que está destinado a técnicos, movilidad, comida, vestuario. "El cine genera un montón de puestos de trabajo. Lo que están haciendo es incomprensible desde la racionalidad, entonces hay que buscar en otros lugares. Creo que hay que dar una fuerte resistencia".

 
Cuando se le pregunta cómo se lee el estado de situación de la cinematografía argentina en otros países, desde España enumera las voces que ya se pronunciaron sobre el tema –Pedro Almodóvar, Alejandro González Iñárritu, Juan Antonio Bayona, Aki Kaurismäki, Gael García Bernal, los hermanos Dardenne– y destaca: "La solidaridad con el cine argentino es enorme, pasó en festivales como el de Berlín y pasará en todos los que vengan. Aunque no les guste a los trolls de Milei, el cine argentino tiene un brillo, una importancia y un prestigio en el mundo que los economistas argentinos, Milei y los trolls no tienen. Acá nadie entiende por qué se ataca al cine argentino. Lo del hambre y los niños es una mentira flagrante: si el cine argentino desaparece, nada va a cambiar. A mí esto me preocupa muchísimo. Si el hambre terminara con esta medida, yo sería el primero en apoyarla pero es algo que no ocurrirá". El director opina que habría que correr el foco hacia "las brutales exenciones impositivas de las grandes fortunas concentradas que los países que tanto admiran ya están viendo como una posibilidad".

 
La resistencia del sector
Después de la asamblea de trabajadores, Página/12 pudo comunicarse con Nicolás Vetromile, delegado general adjunto de ATE Incaa, quien informó que "el Instituto se encuentra en una profunda crisis" debido a que la primera decisión de Pirovano fue "despedir a 170 trabajadores", de los cuales "88 son trabajadores habituales y permanentes que cumplen funciones en diferentes oficinas"; el resto, según explica, son "integrantes de comités o tutores" que ponían en marcha los procesos de selección y tutorías de producciones. Vetromile también alude a la resolución que determina "el desfinanciamiento y desguace del Incaa" porque quita los apoyos institucionales, es decir, "se deja de invertir en los órganos de coproducción internacional como Ibermedia o Mercosur Audiovisual y en las inscripciones que tiene la Enerc".

 
El delegado señala también la quita de apoyos a los festivales nacionales y aclara que, aunque "no dependían en su totalidad de lo que les daba el Incaa", a través de ese otorgamiento podían ir a las Secretarías de Cultura provincial o municipal para pedir otros apoyos. "Esto implica que se cierran un montón de ventanas de exhibición", subraya. Por otro lado, la resolución de Pirovano indica que se dejará de girar dinero a las provincias, que permitía contribuir a "un desarrollo audiovisual federal". Vetromile define como "desfederalización" las medidas implementadas: "Este es el principio. Entendemos que esta política va a continuar porque ya lo habían anunciado antes de ganar las elecciones: cuando 108 compañeros ganaron el concurso para el pase a planta, dijeron que iban a cerrar el Incaa".

En la misma línea que expresó Piñeyro, el delegado asegura que no se trata de un problema económico porque "esto se resolvería muy fácil cobrándole a las plataformas el dinero que por ley están en condiciones de exigir". La Ley de Cine actualmente vigente establece que el 10% del alquiler de videogramas grabados sea destinado al Fondo de Fomento Cinematográfico, algo que hoy sencillamente podría aggionarse bajo la categoría de "suscripción". "Es un problema ideológico. Quieren eliminar la cultura porque hay voces discordantes y una militancia que no es partidaria sino que intenta sostener la cultura, la lucha medioambiental, la memoria, la verdad y la justicia. En la Ley Ómnibus vimos cómo se sacaba del juego al INT o al FNA, cómo se desfinanciaban el Inamu y el Incaa. Pirovano no es interventor sino presidente, pero con esas herramientas incumple la ley que exige realizar estos aportes", apunta.

 
En relación al comunicado oficial emitido por el Ministerio de Capital Humano, Vetromile dice que "de humano tiene bastante poco" y señala: "Alegan que se terminaron los tiempos en los que un festival le saca la comida de la boca a los niños. Es muy loco porque lo dice el mismo ministerio que no gira alimentos a los comedores y sigue pagando religiosamente la deuda. El presupuesto del Incaa no alcanza ni para cubrir lo que hoy el ministro de Economía, Luis Caputo, lanzó como un canje de deuda. Acá no le sacamos la comida de la boca a nadie; en todo caso será el gobierno con sus devaluaciones y el pago de una deuda ilegítima".

Vetromile aporta datos concretos: el cine genera 700 mil puestos de trabajo directos e indirectos y 300 mil puestos anexos; por cada peso que aporta el Estado a la industria audiovisual, esta devuelve cinco a la economía real y representa el 5% del PBI. "Es una industria pujante que el jueves marchará para defender no sólo el cine sino la cultura, porque es lo que le da vida y soberanía a un país".

 
La reacción de los trabajadores del sector fue inmediata. Rápidamente se organizaron asambleas: ATE Incaa y Unidxs por la Cultura convocaron a una Acción Cultural Federal y conferencia de prensa este jueves14 a las 17 en las puertas del Gaumont (Av. Rivadavia 1635). También habrá acciones en otros puntos del país: en Rosario frente a la Plataforma Lavardén, ENERC y EPCTV (Mendoza 1085) y en Córdoba en el Espacio Incaa - Cine Teatro Córdoba (27 de abril 275). La convocatoria reclama la reincorporación de los despedidos y promueve la defensa del cine nacional, los festivales federales, los espacios Incaa, las escuelas de cine, la TV y las plataformas de contenidos nacionales. El Colectivo de Cineastas, por su parte, emitió un comunicado que expresa: "La cultura no hambrea, da trabajo y alimenta a miles de familias. La cultura no es un gasto, genera ingresos de divisas y mueve la economía. Basta de mentiras, basta de no dar alimento a los comedores, basta de despidos, basta de ajustar a los jubilados y basta de sacarles los medicamentos a los enfermos. No al desguace de pequeñas y medianas productoras. La cultura alimenta. El hambreador es Milei".

Preocupación internacional
Hace poco el rostro de Laura Paredes apareció en la tapa de la prestigiosa revista francesa Cahiers du Cinéma porque la película Trenque Lauquen, de Laura Citarella, quedó en el primer puesto del ranking que contempla las 10 mejores películas de 2023. Además de este protagónico, la actriz participó de otros sucesos cinematográficos como La flor (Mariano Llinás) o la más reciente Argentina, 1985 (Santiago Mitre). En diálogo con Página/12, cuenta que acaba de llegar de Francia, donde se hizo una retrospectiva del Pampero Cine (grupo que integran Citarella, Llinás, Agustín Mendilaharzu y Alejo Moguillansky). "Público, críticos y gestores culturales se mostraban preocupados por las medidas del gobierno argentino y por el desprestigio que el sector estaba atravesando", comenta. "Nosotros no parábamos de hablar del tema en las presentaciones y en las charlas. Sin ir más lejos, la tapa dedicada al cine argentino de Cahiers du Cinéma habla exactamente de eso. Del auge y la vitalidad del cine argentino y, como contracara, su peligro de extinción. Volví y las medidas ya son prácticamente un hecho. Es terrible ver cómo avanza el recorte que implica exterminio concreto a muchos films y también es terrible el plano simbólico, esa presunción de que la cultura es un gasto innecesario, ridículo y parasitario. Y es preocupante ver que ese discurso prendió como leña seca en muchos sectores de la sociedad".

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